WASHINTGTON, Estados Unidos.- Entre insultos, burlas y amenazas, Donald Trump es mucho más que una máquina de producir exapbruptos. Su determinación de sacudir el actual orden mundial ha generado una industria dedicada a explicar el “fenómeno Trump”. “Profesores y expertos han invocado la política de las grandes potencias y el realismo despiadado, así como a presidentes previos y a hombres fuertes autoritarios”, dice Patricia Cohen, corresponsal de economía mundial en Londres para el periódico estadounidense “The New York Times”.

Pero una nueva teoría está llamando la atención, dice la columnista. Esta nueva teoría sostiene que el mandato de Trump se parece más al de las familias reales del siglo XVI, como los Tudor y los Habsburgo.

Describen la política exterior de Trump como una lógica de corte real del siglo XVI, con alianzas basadas en lealtades personales, castigos a los disidentes y decisiones económicas que privilegian a su círculo íntimo, escribe. Así se explican las alianzas con personajes como el príncipe heredero de Arabia Saudita, acusado de perseguir y asesinar a disidentes, o Benjamín Netanyahu, denunciado por crímenes de guerra.

Una característica clave de este enfoque “neomonarquista”, dice Cohen, es que la formulación de la política económica mundial se basa en vínculos personales, familiares y empresariales, más que en el interés nacional, la ventaja competitiva, la prosperidad compartida o el crecimiento a largo plazo.

“Olvídate de James Monroe, Klemens von Metternich y Niccolo Machiavelli. Piensa en Enrique VIII y el emperador Carlos V”, lanza en su columna de esta semana.

El término neomonarquismo para describir a Trump fue acuñado por dos politólogos, Abraham L. Newman de Georgetown y Stacie Goddard del Wellesley College.

Donald Trump firmó un decreto que quintuplica la cuota de importación de carne argentina a EEUU

“La política exterior (de Estados Unidos) se ha convertido en una herramienta para canalizar dinero y estatus hacia Trump y sus colaboradores más cercanos”, explicaban ambos en un reciente ensayo de opinión publicado en “The New York Times”. “En vez de competir con sus rivales -sostienen-, Trump está dispuesto a confabularse con ellos para promover los intereses provincianos de su corte”.

La referencia monárquica resuena porque capta el estilo imperioso del presidente para gobernar, sus cambios de rumbo y su desprecio por las normas internacionales de larga tradición, por no mencionar su admiración por la monarquía británica.

“La teoría tiene mucho en común con el tipo de capitalismo de ‘amigotes’ practicado por autoritarios como Ferdinand Marcos en Filipinas y Vladimir Putin de Rusia”, revela Cohen.

Ambos son ejemplos de un sistema construido en torno a una camarilla de élites empresariales y políticas que utilizan la política económica para beneficio personal.

Filipe Campante, profesor de la Universidad Johns Hopkins, señala que el enfoque de Trump es dañino para la economía. Ahora, lo que rige la elaboración de políticas públicas “ya no es la competitividad del mercado, sino las conexiones”, apunta Campante.

Los ganadores, agrega, “no son necesariamente los que tienen las mejores ideas o los mejores proyectos”, una situación que daña “el crecimiento, la productividad y la prosperidad”. Quienes no forman parte del círculo del presidente, o se oponen a él, se ven amenazados con castigos, como ser excluidos de los contratos con el Estado o no recibir aprobaciones regulatorias y otras recompensas.

Contra Musk

A mediados del año pasado, cuando Elon Musk empezó a criticarlo, Trump amenazó con cortar los lazos del Estado norteamericano con el imperio empresarial de Musk.

“La forma más fácil de ahorrar miles y miles de millones de dólares dinero en nuestro presupuesto es terminar con los subsidios y los contratos de Elon con el Estado”, escribió Trump en la red social Truth Social.

Las decisiones políticas cuyo principal motor son el beneficio propio o los resentimientos personales socavan el crecimiento. El Nobel de Economía de 2024 le fue otorgado a una investigación que demostró que la concentración de poder, recursos y oportunidades en manos de una pequeña élite política sofocan el desarrollo y la prosperidad.

Donald Trump Trump difundió un polémico video que caricaturiza a los Obama como monos

Otro caso reciente es el acuerdo para crear una versión norteamericana de TikTok, la aplicación de redes sociales desarrollada por la empresa china ByteDance.

Preocupados por la seguridad nacional, legisladores republicanos y demócratas aprobaron una ley que exigía que TikTok dejara de ser propiedad china o dejara de operar en Estados Unidos. El nuevo acuerdo, con la bendición de Trump, permite que la plataforma siga operando en Estados Unidos, con inversores mayoritarios que incluyen aliados y socios comerciales de la familia del presidente o de su círculo íntimo.

Los acuerdos que permiten que Nvidia venda chips a China, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita, y que extienden garantías militares a Qatar, también encajan en ese patrón neomonárquico.

Esta política económica personalista se extiende más allá de los negocios. Trump reconoció que había subido el arancel de Suiza del 30 al 39 por ciento porque su expresidenta Karin Keller-Sutter “simplemente me cayó mal”. Dijo que había impuesto aranceles del 50% a Brasil porque el gobierno se negó a detener el procesamiento del ex presidente brasileño Jair Bolsonaro, acusado de planear un golpe de Estado.

A menudo, los canales tradicionales de comunicación con las potencias extranjeras han sido ineficaces porque gran parte del poder de decisión reside en la camarilla del presidente. En lugar de burocracias, hay un séquito real, dijo Newman, el experto de Georgetown.

Caso Epstein: Clinton reclama declarar a puertas abiertas

El ex presidente estadounidense Bill Clinton decidió tomar “el toro por las astas” y pedir que su declaración ante el Congreso para explicar cuáles fueron sus vínculos con el condenado delincuente sexual Jeffrey Epstein sea pública. “He pedido la divulgación completa de los archivos de Epstein. He proporcionado una declaración jurada de lo que sé. Y esta misma semana acepté presentarme en persona ante el comité. Pero todavía no es suficiente para los republicanos del Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes”, señaló, al reclamar que, ahora, el presidente de la comisión quiere que el debate sea a puerta cerrada. 

“¿Quién se beneficia de este acuerdo? No son las víctimas de Epstein, que merecen justicia. No el público, que merece la verdad. Sólo sirve a intereses partidistas. Esto no es una investigación, es pura política”, escribió en X.

“No me quedaré de brazos cruzados mientras me usan como apoyo en un tribunal a puertas cerradas por parte de un Partido Republicano que está asustado”, advirtió. Y subió la apuesta. “Si quieren respuestas, detengamos los juegos y hagamos esto de la manera correcta: en una audiencia pública, donde el pueblo estadounidense pueda ver por sí mismo de qué se trata realmente”.